PRESERVACIÓN DE LOS LUGARES SAGRADOS

 
por Claudio Ardohain
 

“Encontrar un lugar sagrado implica siempre la manifestación de un poder inconmensurable, un espíritu del lugar con el que nuestra especie debe entrar en comunión. Los lugares sagrados existen en todos los países y constituyen la configuración sagrada de la tierra”.
 

Vine Deloria- Sioux -, ex director del Congreso Nacional de Indígenas de EEUU.


 
 

En estos días, los aleros de Cerro Colorado, en la provincia de Córdoba están a punto de ser declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Este sitio, cubierto de pinturas rupestres milenarias, constituye el comienzo de un canal de fuerzas telúricas de más de 350 km de extensión, que pasando por la cueva de Ongamira y el Cerro Uritorco, termina en la cueva de Intihuasi, en la provincia de San Luis. Se debe apoyar en todos los niveles esta iniciativa, pero aún quedan muchos lugares sagrados en nuestro territorio que están siendo destruidos por la mano y la insensibilidad del hombre y las variaciones climáticas que nos supimos conseguir.
Hoy, en todo el mundo, los lugares sagrados están en peligro. Están a punto de ser convertidos en yacimientos mineros, rutas, barrios privados, playas de estacionamiento, parques de diversiones, centrales eléctricas y sitios turísticos. La civilización actual tiende a ver a los lugares sagrados como restos de un pasado primitivo, a lo sumo pintoresco, pero en última instancia un obstáculo al progreso económico.
Todas las religiones tienen sus orígenes en revelaciones o inspiraciones recibidas en lugares con cualidades especiales. Quienes entran en un espacio sagrado y pueden percibir ese espíritu del lugar, lo experimentan de distintas maneras: ya como una curación, una transformación interna, iluminación, una sensación especial de poder o conexión con la naturaleza.

Históricamente, los lugares sagrados están estrechamente relacionados con la incubación de sueños. Sobre estos sitios se construían templos de estudiado diseño, orientación y proporciones para facilitar y amplificar este efecto psico-físico.

Los principales lugares sagrados de todas las culturas son llamados en general “ombligos del Mundo”. Estos lugares conectan al ser humano con todos los seres vivos de la Tierra y a esta con el Cosmos. Es allí donde la energía vital del planeta fluye con más fuerza.

El organismo sobre el que vivimos, que llamamos Gaia, la Madre Tierra, tiene multitud de órganos, centros y conexiones, cada uno con sus características propias, y al dirigirnos hacia ellos, damos y recibimos energía vital. Pero podemos dañarlos o fortalecerlos de acuerdo a nuestra actitud interna y accionar externo.

Pero cuando los valores materiales desplazan a los espirituales, se pierde el respeto por lo sagrado, porque se menosprecia su importancia para la vida.

Se hace necesario, pues, un trabajo interdisciplinario entre sabios indígenas, líderes religiosos, antropólogos, arqueólogos, historiadores, geobiólogos, ecologistas y legisladores para emprender un relevamiento a nivel regional y nacional de todos los sitios considerados sagrados.

El problema de cualquier legislación que proteja a estos lugares es que hay cierta reticencia a llamarlos lugares sagrados y se prefiere invocar sus peculiares características naturales o históricas. Pero la valoración de un lugar especial por su estética es simplemente otro aspecto de nuestra sociedad materialista. Un centro de poder es un sitio natural que posee una energía física, mental, emocional y espiritual que no se puede valorar estética o económicamente. No sólo hay que implementar leyes que protejan estos sitios, sino que la actitud de respeto hacia los lugares sagrados debe partir también de lo individual.

Cierto “fetichismo” inherente a la naturaleza humana hace que de cada lugar (o persona) que nos agrada querramos llevarnos un “recuerdo”. Este sentimiento de búsqueda de posesión simbólica del objeto de nuestro afecto, ha causado la desvastación de muchos sitios sagrados, no sólo de sus antiguas construcciones sino también de su naturaleza. Cada lugar sagrado es un todo integrado y si le vamos privando de sus partes, termina por des-integrarse y con ello quedar desactivado.

 
Uno de los círculos sagrados de Tafí del Valle, hoy despojado de muchos de sus menhires.

 
Los chamanes localizan sobre la tierra estos “sitios de poder” para utilizarlos en sus ceremonias sanadoras. La mayoría de los humanos no somos lo suficientemente puros como para entrar en ellos y enfrentar directamente a las fuerzas espirituales que allí se manifiestan. Los iniciados de todas las culturas pueden contactarse con estas fuerzas y aplicarlas en curaciones, control del clima, protección de pueblos y fertilidad de la tierra. Antes de acceder a estos centros purifican sus cuerpos, mentes y almas de toda influencia negativa. Luego, en una invocación, se pide permiso para acercarse; y se espera alguna señal. Luego del contacto con el centro de poder, cuando se retira, hay que mantenerse unos días en ese estado de pureza, para no cortar la comunicación y poder interpretar correctamente sus experiencias, a través de sueños o visiones. Cuando una persona recibe poder de un lugar sagrado, eleva su nivel vibratorio y le toma tiempo ajustarse al nuevo nivel. Si el proceso es interrumpido, el practicante puede caer en desequilibrios y llegar enfermarse, psíquica o físicamente.

La percepción de un lugar sagrado es también compartida por otras formas de vida y en muchos casos acentuada por su presencia. Una especie en vías de extinción suele buscar estos lugares como refugios que muy bien han sido llamados “santuarios de la vida salvaje”. Las tradiciones espirituales cuentan que ciertos animales pueden convertirse en guardianes de estos lugares sagrados.

Las tradiciones más antiguas del Lejano Oriente y de nuestra América indígena nos dicen que los animales también efectúan sus rituales y ceremonias de comunión cuando el hombre no los ve. Algunos estudiosos del comportamiento animal, como Konrad Lorenz y Vitus Dröscher, coinciden con esta visión. Estos rituales de las especies no-humanas parecen estar vinculados a puntos geográficos específicos.

En cualquier paisaje sagrado, los humanos pueden convertirse en instrumentos a través de los cuales la creación entera puede actuar y expresar su totalidad, convirtiéndose en un punto focal de entendimiento y comunicación. Esta intercomunicación se logra a través de determinadas ceremonias y rituales. Las ceremonias sagradas y las peregrinaciones son formas de retornar esta energía recargando sus canales. Pero una transmisión de fuerzas contaminadas o negativas puede dañar seriamente estos centros. Así ha ocurrido con muchos lugares sagrados que se han convertido en una simple atracción turística.

Sobre la “piel” de Gaia, cada centro de poder tiene una función específica, como los puntos de acupuntura en nuestro cuerpo. Los centros de poder utilizados por las culturas indígenas no deben ser violados, dañados, destruidos o usurpados por aquellos que sólo ven el valor económico de las tierras.

Los seres humanos no tenemos el derecho de degradar a nuestra Madre Tierra. Si no recuperamos la armonía con la naturaleza los daños que le inflijamos se volverán en nuestra propia contra. Cuando los seres humanos profanan, alteran o interfieren con un centro de poder, están causando un serio desequilibrio, del cual sólo se puede esperar una reacción negativa. La continua explotación de los centros vitales de Gaia están causando un serio desequilibrio en su salud: cambios climáticos, terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, pestes, etc. La madre Tierra está siendo contaminada y se está debilitando y enfermando porque sus centros vitales han sido dañados. Para curarlos se necesita preservarlos y protegerlos, porque si ella muere, todos moriremos.



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