PELIGRO: CONTAMINACIÓN SONORA

 
 

El nivel de ruido en Buenos Aires ha aumentado en tal forma en los últimos años, que ya no podemos mantener una conversación en la calle si no es a los gritos. La mayor parte de este ruido proviene del tráfico vehicular. Además del ruido de motores, frenazos y picadas, debemos sumarle bocinazos, sirenas de ambulancias, policía y bomberos, caños de escape libre y hasta los insultos entre conductores.

Todos hemos sido afectados en nuestra tranquilidad y salud desde que las grandes ciudades se han infestado de alarmas antirrobo de autos, locales y casas, que suelen dispararse por cualquier razón menos el hurto. Algunas quedan sonando toda la noche mientras, el propietario, a cuadras de distancia, ni se entera. Éticamente, es cuestionable que la seguridad de un bien material de una persona se haya convertido en algo más valioso que la calidad de vida de un vecindario.

Podemos definir al ruido como una combinación desagradable, indeseable o perjudicial de sonidos. Para una misma intensidad, por ejemplo, un ruido impredecible resulta más molesto que uno rítmico o continuo. Los efectos perjudiciales del ruido van desde los evidentes, como pérdida de la audición, o hipoacusia, a los psicológicos, que afectan tanto el rendimiento la laboral como la vida de relación. Hipertensión, estrés, dolores de cabeza, trastornos digestivos, desequilibrios hormonales, fatiga y bajas en el sistema inmune son parte de los efectos poco evidentes de la contaminación sonora. El ruido aumenta la secreción de adrenalina, alterando el comportamiento normal y afectando, por ejemplo, la capacidad de aprendizaje de los niños.

El ruido comienza a afectarnos por larga exposición cuando supera los 70-75 decibeles. Pero incluso un nivel de ruido de fondo continuo de más de 40 dB, puede afectar el sueño y al sistema cardiovascular. Un decibel es la unidad de medida de intensidad del sonido. Se mide con sonómetros o decibelímetros. La escala de decibeles es logarítmica, lo que significa que un sonido de 80 dB es diez veces mayor que uno de 70.

En el cuadro adjunto vemos las principales fuentes de contaminación sonora en la vida urbana de cada día, medidas en decibeles:
 
DB Fuente del ruido Impacto en el ser humano
150 Estampido sónico, bomba de estruendo Peligro de sordera
130 Despegue de avión a reacción Umbral de dolor
125 Moto a escape libre Peligro de daño en el acto
120 Martillo neumático Peligro de daño en el acto
115 Bocinazo, concierto de rock, discoteca Peligro con más de 15 minutos de exposición
110 Maquinaria industrial Muy perjudicial
105 Aeropuerto a 300 m Muy perjudicial
100 Obra en construcción a 15 m Perjudicial
95 Motosierra, cortadora de césped Perjudicial
90 Estación de subte Levemente perjudicial
85 Compresor, tráfico intenso Límite tolerable
75 Paso de tren a 50 m, calle transitada Soportable

En la naturaleza un ruido fuerte es señal de peligro y nuestro cuerpo sigue reaccionando ante ese estímulo. Pero en nuestra sociedades urbanas, como en el cuento del pastorcito mentiroso, los ruidos fuertes se suceden hasta que se pierde la capacidad de reacción positiva, como tantas veces lo vemos en los accidentes de tránsito. En la naturaleza virgen el promedio de fondo sonoro se encuentra entre 15 y 20 dB, en las zonas agrícolas alcanza 30-35 dB, en áreas suburbanas entre 35-45 dB y en las grandes ciudades 45-75 dB.

El ruido continuo de fondo, proveniente del tráfico, produce una sobrecarga perceptual que el cerebro humano es incapaz de procesar, lo que deriva en un estado subyacente de estrés. Nuestra percepción del espacio y del tiempo también es afectada por el nivel de ruido ambiental, lo que se refleja en la relación del hombre con su entorno.

Las casas y edificios lindantes con vías del ferrocarril o en el corredor aéreo de un aeropuerto cercano pueden parecer casos extremos, pero estas franjas afectadas cubren una importante superficie de las áreas urbanas. Asimismo, la cercanía de una fábrica o industria puede perjudicar la calidad de vida de un vecindario entero. Aparte de la intensidad o volumen del sonido hay que considerar la frecuencia. Muchas veces estamos afectados por infrasonidos que están fuera del rango audible. La reverberación de una máquina industrial de una fábrica contigua, por ejemplo.

Gran parte de responsabilidad le cabe a un ordenamiento urbano poco racional, a la deficiente aplicación de las reglamentaciones, a la falta de adecuados controles, a los hábitos culturales y a la insensibilidad social. Leyes, que las hay, las hay, pero su aplicación se limita a juicios, denuncias y quejas. Es decir, cuando ya es tarde. Existen soluciones a nivel urbano, como barreras sónicas - paneles metálicos y acrílicos o cortinas de árboles y plantas - y a nivel particular, como recubrimientos aislantes acústicos; pero como en todos los males que afectan al hombre, sólo es realmente efectiva la prevención. Hay que atacar las causas reduciendo las emisiones de ruidos molestos, como se controlan - o deberían - las emisiones de gases tóxicos y la evasión impositiva.
 
 

Claudio Ardohain


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